Trono de realeza para Nuestra Señora de la Piedad

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En el día de hoy, en el que la Iglesia conmemora la festividad de la Natividad de la Virgen, nuestra hermandad estrena una de pieza de gran calado que viene a enriquecer la ofrenda arquitectónica levantada para los cultos de Nuestra Señora de la Piedad y que enfatiza la realeza de María. Se trata de un trono fruto de la donación de un grupo de hermanos que ha sido objeto de una serie de intervenciones que han permitido mejorar su aspecto original y dotarle de un cariz de realeza a través del dorado y tapizado en rojo, concebido en el devenir de los siglos como símbolo de poder muy efectivo que manifestaba la jerarquía social.

A este respecto, desde el punto de vista artístico, el trono atiende a una serie de características que cristalizan su connotación del poder real, encontrándose profusamente decorado y con madera trabajada que refleja el esplendor majestuoso y real, como el barroco francés fue prueba de ello, contando con ejemplos similares que se extrapolan al panorama español.

En este sentido, el trono muestra una sutil composición arquitectónica como bien evidencia el par de pináculos estilizados que coronan el conjunto a izquierda y derecha potenciando la verticalidad del mismo, así como el remate superior que consta de un motivo heráldico, denotando la calidad de la pieza y que entronca precisamente con rasgos del mueble español en época moderna, siendo un trono macizo dotado de una gran dignidad y con una cierta profusión en los detalles y elementos ornamentales que lo bañan.

Asimismo, consta de dos soportes, tanto delantero como trasero, unidos por travesaños y respaldo trasero con similar decoración, caracterizados por la ornamentación vegetal y motivos alusivos al contexto nobiliario que refuerzan el halo real que lo envuelve, tan propios del mueble barroco seicentista y dieciochesco donde la ornamentación a base de vegetales, putis, mascarones, etc. inundaron el mobiliario. A su vez, destacan los dos reposabrazos rectos, ambos terminados en dos cabezas de león talladas con las patas delanteras en forma de garra que bebe de diseños de muebles de esta índole como los diseñados por Ventura Rodríguez para el salón del trono del Palacio Real de Madrid, dotando de plasticidad al conjunto y acentuando el empaque escultórico que lo caracteriza.

De esta manera, el trono complementa el altar erigido en honor a la Virgen de la Piedad, ofreciendo un telón que emula los espacios propiamente cortesanos donde el arte constituía un instrumento magistral para reflejar el poder, y que en este caso no sólo viene a dignificar el altar de cultos, sino a subrayar la trascendencia mariológica de María como Reina y Trono de Sabiduría tal y como se define en las letanías del Rosario. Así, Nuestra Señora de la Piedad se presenta como la gebirâ mesiánica, nombre propio que tiene el sentido de “Señora” como ya se conmemoraba a la “Reina-Madre” cuando el Antiguo Testamento mencionaba a los reyes de Judá, alzándose en gloria, junto al trono de Cristo, el trono que corresponde a la dignidad de su Madre.

Francisco Javier Espejo Ramírez (Mayordomo)